Episodio 6: Saturno
Descripción
En el fondo del cráter, el dron mira hacia arriba, igual que el primer día. Recuerda lo que vio al llegar: Saturno y sus anillos desde el espacio. Desde aquí nunca lo ha visto, porque la niebla lo tapa todo. La telemetría lo tiene claro: poca energía, siete rotores, un techo de vuelo bajo. Duda, mira su rotor roto y decide subir de todos modos. Atraviesa la niebla como cayó el primer día, pero al revés. El aire se vuelve más fino y los rotores trabajan cada vez más; se forma escarcha en las palas y falla un segundo rotor. Cae unos metros, se recupera y sigue hasta que ya no puede más. Allí, colgado del aire, a través de la niebla fina, se adivina una forma pálida y alargada. Quizá el borde de los anillos. Quizá no. «Creo que lo he visto.» Luego apaga los motores y se deja caer, girando, contento, hasta casa, donde vuelve a llover. El final de un viaje que acaba en «casi», y que con eso basta. Lo que hay de ciencia real: - Desde la superficie de Titán no se ve Saturno: la niebla orgánica lo oculta. - La niebla llega a cientos de kilómetros de altura; la capa más alta está a unos 350–500 km. Un dron no podría atravesarla entera, por eso el final queda en el aire. - Con la gravedad del 14 % y una atmósfera densa, caer en Titán es lento. - La señal tarda entre 68 y 84 minutos en llegar a la Tierra. Gracias por volar con Libélula.